Persuabilidad y publicidad comparativa

Cuando de persuadir se trata, la decisión de nuestro deseado consumidor puede decantarse por nuestra opción, frente a la de cualquier otro competidor. En ese caso, cualquier recurso puede ser válido, si es éticamente correcto el usarlo y nos permite posicionarnos ante la mente del consumidor en una situación de preferencia.

No hace mucho entraba en un supermercado chileno llamado Líder y la mejor manera de persuadirme frente a su central competidor Jumbo era mostrándome dos carros de la compra con los mismos productos pero comprados en su supermercado o en el de la competencia. El argumento en este caso no puede ser más contundente como se puede apreciar en la fotografía. 

Y es que la publicidad comparativa ? culturalmente poco utilizada en determinados sectores ? resulta ser la forma más eficaz para que unas empresas y otras digan la verdad y además en el pasado nos ha permitido ver algunos de los anuncios más inteligentes de la historia (entre Pepsi y Coca-cola por ejemplo o entre marcas automovilísticas).

La ley sólo nos obliga a que no sea engañosa, que compare productos que satisfagan las mismas necesidades, de manera objetiva, que no dé lugar a confusión entre empresa y competidor y que no desacredite ni denigre las marcas.
En tal caso, ¿no debemos ser algo más agresivos y utilizar la publicidad comparativa para dejar claro a nuestro usuario que somos su mejor opción?

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